TERAPIA INFANTOJUVENIL

La psicología infantojuvenil estudia el comportamiento del niño desde su nacimiento hasta su adolescencia, atendiendo  a los factores bio-psico sociales que pueden afectar a su desarrollo.

Desde la psicología infanto-juvenil, se intenta conseguir un adecuado desarrollo psicológico del niño o adolescente ayudándole a superar problemas que se pueden presentar en las diferentes etapas evolutivas.

INFANCIA:

Los niños pasan por diferentes etapas en las que muestran comportamientos y actitudes que señalan que pueden estar sufriendo.

En ocasiones, puede tratarse de cambios temporales, pero cuando estos síntomas se prolongan en el tiempo, generan malestar e impiden o interfieren en su desarrollo normal, es recomendable solicitar ayuda profesional.

Hay que tener en cuenta que los niños pueden no ser capaces de detectar cuándo algo está mal y pedir ayuda, por lo que el papel de las familias es determinante.

Los trastornos psicológicos o conductas problemáticas que se desarrollan en la etapa infantil pueden derivar en importantes consecuencias en la edad adulta si no  se resuelven adecuadamente.

Por este motivo, la detección temprana es muy importante para su correcto  abordaje.

Algunos ejemplos de problemas frecuentes que los niños en edad escolar suelen presentar son:

  • Desobediencia, rabietas, agresividad.
  • Timidez, dificultades para relacionarse.
  • Reacciones ante la separación de los padres.
  • Celos por la llegada de un hermano.
  • Duelos.
  • Tristeza, ansiedad.

ADOLESCENCIA:

La adolescencia es una etapa de transición entre la infancia y la vida adulta, en la que comienza una búsqueda de identidad propia.

Se caracteriza por numerosos cambios físicos, afectivos y sociales, que en ocasiones les resulta difícil gestionar dando lugar a sentimientos de inseguridad, angustia y temor.

Con frecuencia, suele ser complicada tanto para los padres como para los hijos. Algunas de las dificultades más usuales durante estos años son:

  • Baja autoestima.
  • Ansiedad, estrés.
  • Problemas de conducta.
  • Adicciones.
  • Bullying o acoso escolar.
  • Desmotivación en los estudios.
  • Trastornos de la conducta alimentaria.
  • Fobias y obsesiones.

Al igual que ocurre con los niños, si detectamos comportamientos  que generan dificultades, conflictos o malestar de manera persistente en los adolescentes, es recomendable acudir al psicólogo.

La intervención en fases tempranas es determinante, puesto que evita que el problema acabe constituyendo un trastorno en el futuro y aumenta la probabilidad de éxito terapéutico.

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